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Menor narró cómo guarda de seguridad le disparó a su hermano de 17 años por la espalda y acabó con su vida en campo de golf de Cartagena

El desgarrador testimonio del sobreviviente revela los minutos de angustia en los que una jornada de recolección de pelotas de golf en Punta Canoa terminó en una tragedia que hoy enluta a toda una comunidad.


La tarde del pasado 17 abril en el corregimiento de Punta Canoa se tiñó de luto tras confirmarse el fallecimiento de Antony González Alvear. El adolescente, quien apenas cuatro días antes había celebrado su cumpleaños número 17 rodeado de sus seres queridos, perdió la vida en las instalaciones del Club Karibana. Lo que inició como una jornada habitual de recolección de esferas de golf para su posterior comercialización, terminó en una tragedia que hoy mantiene en vilo a la zona norte de Cartagena.

Antony, reconocido entre sus vecinos como un joven trabajador y recién graduado de bachillerato en diciembre, se encontraba en compañía de uno de sus cinco hermanos al momento del incidente. Según los registros de identidad y testimonios de la comunidad, el menor planeaba iniciar sus estudios superiores en el mes de junio, una meta que quedó truncada por la violencia en un escenario que, paradójicamente, es símbolo de exclusividad y recreación en la capital de Bolívar.

“Sentí los disparos por la espalda”: El crudo testimonio del sobreviviente

El hermano de la víctima, quien presenció el ataque, relató con voz quebrada cómo fueron abordados inicialmente por un guarda que les exigió retirarse con insultos. Al poco tiempo, este regresó acompañado de un supervisor motorizado. “El supervisor saca un revólver de su cintura. Nosotros íbamos caminando y yo le dije a mi hermano: ‘sacaron un revólver, vamos a echarnos para atrás’. Íbamos de espalda cuando escuché las detonaciones”, narró el joven sobreviviente en su declaración.

Tras el impacto, Antony cayó boca abajo en el agua, donde comenzó a perder sangre de forma masiva ante la mirada atónita de su familiar. Su hermano, en un intento desesperado por salvarlo, lo llevó hasta la zona de césped mientras suplicaba por ayuda médica inmediata. “Yo le decía ‘alto, alto’ y lo estremecía, pero estaba con los ojos cerraditos. Le pedí al supervisor que llamara una ambulancia y al vigilante que me regalara un minuto para llamar a mi papá, pero me dijeron que no tenían”, denunció el testigo.

Ante la negativa de auxilio y tras un altercado físico con los uniformados, el joven logró escapar cruzando los lagos y la playa hasta llegar al pueblo para dar aviso. Según su relato, cuando regresaron al lugar del crimen con otros familiares, el cuerpo de Antony ya no estaba en la grama; los mismos trabajadores de seguridad lo habían trasladado al Hospital Serena del Mar, donde finalmente los médicos confirmaron que ingresó sin signos vitales.

La desesperación del hermano sobreviviente fue tal que, antes de huir, intentó increpar a los guardias por la gravedad de lo ocurrido. “Yo le dije al supervisor: ‘ve que lo mataste’, y él estaba como asustado, pero no hacían nada por ayudar”, recordó el menor sobre aquellos minutos de agonía. El joven relata que tuvo que lanzarse a un caño y correr por la arena mientras era perseguido por los empleados de seguridad del complejo turístico.

Contrastes y tensión: La defensa del club frente a la furia comunal

Por su parte, la administración del Club Karibana emitió un pronunciamiento oficial donde sostiene una versión distinta de los hechos, asegurando que el altercado se produjo con “personas armadas ajenas a la institución”. Según el comunicado de la empresa, el personal de seguridad reaccionó ante una supuesta amenaza inminente, resultando en la herida que le quitó la vida al menor de edad durante el forcejeo reportado.

Como señal de duelo y para facilitar las investigaciones de criminalística, el complejo decidió suspender sus operaciones y mantener su bandera a media asta hasta el próximo lunes. No obstante, esta versión ha sido tajantemente recocha por los habitantes de Punta Canoa, quienes aseguran que buscar pelotas en los canales es una tradición inofensiva que practican los niños desde hace décadas sin representar peligro alguno.

La indignación escaló rápidamente a una asonada en las inmediaciones del club, lo que obligó a la intervención de la Unidad Nacional de Diálogo y Mantenimiento del Orden (UNDMO). Los residentes de la zona bloquearon las vías de acceso principales, exigiendo que se capture al responsable del disparo y se limpie el nombre del adolescente, a quien el club señaló de portar armamento durante el suceso.

Autoridades inician proceso por homicidio

La Policía Metropolitana de Cartagena confirmó que el caso ya está bajo la lupa de los entes judiciales competentes para determinar la trayectoria del proyectil. “Los hechos son materia de investigación por parte del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía”, indicaron las autoridades, quienes ya cuentan con el material probatorio recolectado en la escena por los peritos expertos en balística.

En la inspección técnica al lugar, los familiares señalaron puntos específicos que desmentirían la versión del enfrentamiento armado. “Allí estaba la gorra con sangre en la piedra; aquí fue donde lo mataron de espaldas”, insistieron los acompañantes del joven fallecido durante la diligencia. Los investigadores analizan ahora los videos de las cámaras de seguridad del complejo para corroborar si hubo un ataque previo o si se trató de un uso excesivo de la fuerza.

Mientras la justicia determina la responsabilidad penal del supervisor implicado, la comunidad de Punta Canoa ya dio el último adiós a Antony en medio de cánticos y clamores de justicia. El joven, que se convirtió en el símbolo de un conflicto social latente entre los nativos y los desarrollos turísticos de la zona, fue despedido por una multitud que exige que su muerte no quede impune.

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