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“A mi hijo lo mataron”: El estremecedor relato de la madre del soldado samario que murió en un batallón de Caquetá

Una muerte en circunstancias no esclarecidas dentro de una unidad militar del sur del país encendió las alarmas de una familia que exige investigar posibles abusos.

Una profunda incertidumbre embarga a la familia del soldado Juan David Gómez Ortiz, un joven de 21 años oriundo del barrio Las Tres Cruces, en la capital del Magdalena. El uniformado llevaba cerca de tres meses vinculado al Ejército Nacional tras ser reclutado en su propia vivienda por representantes de la institución.

La consternación en la comunidad comenzó tras confirmarse la muerte del conscripto, quien inicialmente prestaba sus servicios en Florencia, Caquetá, antes de ser enviado a una unidad en la zona de Putumayo. Aunque las autoridades castrenses sostienen la hipótesis preliminar de que se trató de un hecho autoinfligido, los allegados rechazan tajantemente esa versión.

Hostigamientos, promesas familiares y abandono de puesto

Antes de ingresar al servicio, Juan David concluyó sus estudios de bachillerato en el colegio Pago del barrio Laurel sin haber reprobado jamás un año escolar. Su madre destacó que era un joven sano, juicioso y alejado de vicios, cuyo único propósito al vestir el uniforme era salir adelante para recompensar el esfuerzo que su familia hizo durante su crianza.

Con la meta de cubrir los gastos del hogar y devolverle el cuidado recibido en su infancia, el joven le prometió en una llamada a su progenitora que regresaría en diciembre. En esa misma conversación, le aseguró que compraría dos aires acondicionados —uno para ella y otro para él— con el fin de mitigar las fuertes olas de calor que se viven en Santa Marta.

Sin embargo, durante su permanencia en la unidad militar enfrentó serias dificultades relacionadas con la privación de alimentos, la asignación excesiva de turnos de guardia y tratos severos por parte de otros integrantes del pelotón. Días antes del desenlace, el militar manifestó a sus parientes que se sentía angustiado por el ambiente hostil que experimentaba en el sur del país.

En una de las últimas llamadas, el joven le detalló a su madre las anomalías que vivía tras su traslado a una zona cuya ubicación exacta él mismo desconocía: “Mamá, salí a las cuatro de la mañana a prestar centinela y no me vinieron a recibir centinela. No me guardaron desayuno. Y yo le dije, dile al cabito, porque mamá, acá no hay cabo. A mí me dejaron con el pelotón solo”.

Contradicciones oficiales y denuncias de agresión

A las 3:25 de la madrugada del día en que se registraron los hechos, Juan David envió un último mensaje escrito a su madre antes de perder la comunicación. Horas más tarde, un oficial de la institución contactó a la familia vía telefónica para reportar el deceso por presunta autoeliminación, pero sin aportar pruebas físicas, informes médicos ni detalles precisos sobre el lugar.

La familia desestimó de inmediato el reporte oficial al señalar que el conscripto no contaba con el acompañamiento de un superior al momento del suceso y que la hostilidad de sus compañeros fue la causa directa de la tragedia. La madre sostuvo que su hijo no tenía comportamientos que indicaran intenciones de atentarse y calificó la versión del suicidio como una excusa del personal a cargo.

En medio del llanto, la mujer cuestionó duramente la actuación del grupo con el que convivía el soldado: “A mi hijo me lo mataron. Porque el cabo los dejó solos. A mi hijo me lo metieron en otro grupo”. Además, la hermana del uniformado remarcó que el joven tenía seres queridos esperándolo y que no permitirán que el caso se gestione sin transparencia.

Reclamos en Santa Marta y acciones judiciales

Buscando explicaciones directas sobre el paradero y condición del cadáver, la madre acudió personalmente a las instalaciones del batallón local en Santa Marta. No obstante, la respuesta recibida por parte de la personal militar en el sitio generó un profundo rechazo e indignación en los parientes.

Durante la atención brindada en la sede militar, la mujer recriminó la postura de los mandos ante la pérdida de su hijo: “Hoy voy al batallón de aquí de Santa Marta y me salen diciendo a las 10 de la mañana que me tranquilizaran, que me calmaran, que cuando me iban a traer cadáver me lo iban a traer con una bandera y que me iban a prestar servicio con la música”.

Ante las inconsistencias del informe preliminar, la familia anunció que interpondrá acciones legales con el acompañamiento de un abogado para solicitar la intervención de la Fiscalía General de la Nación y del Instituto Nacional de Medicina Legal. La meta es garantizar un peritaje independiente que determine las causas reales de la muerte antes de autorizar las honras fúnebres.

Finalmente, los allegados manifestaron su desacuerdo con la decisión del Ejército de trasladar el cuerpo por vía terrestre desde Florencia hasta Santa Marta, advirtiendo que el extenso trayecto podría alterar el estado del cadáver. La madre concluyó reafirmando que viajará hasta el Caquetá si es necesario para encarar la situación: “Mi hijo me lo mató. Allá me lo mataron los compañeros. Me lo mataron a las cuatro de la mañana”.

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