Una cadena de ataques armados, la quema de vehículos y el cierre forzado del comercio desataron una crisis de seguridad en la capital del Magdalena.
La baja de alias ‘Cholo’ y otros doce presuntos integrantes de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), durante enfrentamientos con la Fuerza Pública en la zona rural, desencadenó una primera ola de violencia que incluyó bloqueos viales y la quema de dos buses de transporte público.
Tras estos primeros incidentes, el presidente Abelardo de la Espriella llegó a Santa Marta durante la noche del lunes para encabezar un consejo extraordinario de seguridad junto al alcalde Carlos Pinedo, la gobernadora Margarita Guerra y la alta cúpula militar, con el fin de entregar el balance de la operación e imponer medidas de control.
Posteriormente, la crisis de orden público se intensificó en la ciudad con una nueva serie de acciones violentas en respuesta a la arremetida oficial. Pese a la militarización desplegada sobre la Troncal del Caribe para garantizar la movilidad y el comercio, la medida resultó inerte ante el cierre total de locales en la zona rural y la posterior paralización del sector productivo urbano.
Esta reciente escalada contra el transporte dejó varios vehículos quemados que se sumaron a la quema de los dos buses de transporte público ocurrida el lunes en el puente del Once de Noviembre. En los nuevos hechos, hombres armados incendiaron un camión de carga de Maersk frente a la Universidad Cooperativa de Colombia (UCC) e incineraron un taxi sobre la calle 30, a la altura del barrio El Pando.
En el sector comercial, presuntos miembros de las ACSN han realizado patrullajes motorizados e intimidaciones armadas contra establecimientos de todo tipo. La coerción afectó desde tiendas, panaderías y ferreterías de barrio, hasta supermercados como Olímpica, Ara y D1, los cuales registraron disparos de arma de fuego directamente contra sus instalaciones.
Los propios criminales han grabado sus incursiones armadas y las han difundido en redes sociales para infundir temor y exigir el cumplimiento del paro. En medio de estos ataques contra los locales, niños de entre 8 y 13 años de edad han quedado atrapados entre las balas y las intimidaciones mientras se encontraban en la zona.
A pesar de la gravedad de los ataques perpetrados, los patrullajes armados y los disparos contra los establecimientos, hasta el momento las autoridades no reportan personas heridas ni víctimas mortales.


