El uso de sistemas de vuelo con cableado físico impidió que los inhibidores de frecuencia detectaran el ataque, ya que el flujo de datos no depende de ondas de radio.
La emboscada terrorista se registró este martes 21 de abril en la vereda La Esflorida, corregimiento de La Victoria, en jurisdicción de Ipiales. En este punto, unidades del Grupo de Caballería Mediano N.° 3, pertenecientes al pelotón Centauro 1, sostenían fuertes enfrentamientos contra la estructura Comandos de Frontera, facción de las disidencias de las Farc que hoy integra la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB).
Durante el fuego cruzado, la tropa fue sorprendida por el despliegue de artefactos aéreos que soltaron cargas explosivas con alta precisión sobre su posición. En el lugar perdieron la vida los soldados profesionales Andrés Esteban Álvarez Sierra, Darwin Arnoldo Gómez Gutiérrez y Brayan Steven Galindo Amado, quienes fallecieron debido a la gravedad de las detonaciones.
Además de las víctimas mortales, el reporte oficial de la jornada confirmó que los soldados Jorge Andrés Martínez Morales, Brayan Steven Pasos Silva y Luis Mateo López Agudelo resultaron heridos. Este último presenta un cuadro clínico complejo por afectaciones abdominales, por lo cual fue evacuado de urgencia hacia la ciudad de Pasto, donde permanece bajo estricta observación médica.
El elemento que marca un punto de inflexión en este hecho es la imposibilidad técnica de neutralizar las aeronaves durante el combate. Según los peritajes de inteligencia, los subversivos emplearon drones guiados por fibra óptica, una tecnología que permite el control del aparato mediante un hilo físico que se desenrolla en pleno vuelo, eliminando el uso de señales inalámbricas.
Al contar con este carrete físico para transmitir órdenes y video en tiempo real, los drones no emiten señales de radiofrecuencia. Esto convirtió en inútiles a los dispositivos de inhibición y bloqueo electrónico que portaba la tropa, ya que los equipos “anti-drones” no detectaron ninguna onda que pudieran interferir para detener el avance de los artefactos antes del impacto.
Esta modalidad representa un preocupante salto tecnológico en la guerra asimétrica que libran los grupos ilegales en el suroccidente del país. A diferencia de los drones comerciales, la fibra óptica crea un canal de comunicación invisible para los radares y defensas convencionales, otorgando a las disidencias una ventaja táctica letal en terrenos de alta complejidad.
La estructura Comandos de Frontera, señalada por la ejecución del atentado, opera bajo la influencia de alias “Araña” y mantiene el control de rutas estratégicas de narcotráfico hacia la frontera con Ecuador. A pesar de estar en mesas de diálogo con el Gobierno, el uso de este armamento sofisticado evidencia un fortalecimiento de sus capacidades ofensivas en el departamento de Nariño.
Ante la gravedad de la emboscad, el Comando Superior ordenó intensificar las operaciones bajo el plan de campaña “Ayacucho Plus” para ubicar a los responsables. La institución calificó el episodio como una violación flagrante al Derecho Internacional Humanitario y advirtió que esta evolución técnica obliga a una reingeniería urgente en los protocolos de protección de la Fuerza Pública en todo el territorio nacional.


