El mandatario advirtió que no habrá tregua para el jefe de las ACSN si no abandona las armas y señaló nexos corruptos en el departamento.
Desde Riohacha y Maicao, el presidente Gustavo Petro sacudió el panorama político al denunciar que las estructuras armadas que aterrorizan a La Guajira operan bajo el amparo de sectores políticos locales. El mandatario aseguró que la persistencia de la violencia en el departamento no es casualidad, sino el resultado de una alianza criminal que utiliza el miedo para manipular los resultados electorales.
Esta radiografía delictiva fue el preámbulo para un mensaje directo contra las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), grupo que mantiene una disputa por el control de las rutas del narcotráfico. Petro señaló que su política de “Paz Total” tiene límites claros y que la paciencia del Estado frente a quienes desafían la ley mediante videos y paros armados se está agotando.
El pacto de sangre entre votos y fusiles
El jefe de Estado fue incisivo al explicar que la delincuencia en la región se nutre del respaldo de figuras públicas que manejan los hilos del poder regional. Según Petro, el dominio sobre recursos vitales como el agua y la seguridad ciudadana está secuestrado por una clase política que se beneficia directamente de la intimidación ejercida por los grupos ilegales.
“Esa población tiene que arrodillarse ante quienes controlan el agua y ante quienes controlan las armas. Y esas armas no están aquí por pura delincuencia común, comandantes. Los respalda la política local, porque les ayuda a conseguir los votos. Y eso se tiene que acabar”, sentenció el mandatario ante la cúpula militar y de policía.
A reglón seguido, el presidente cuestionó cómo las instituciones han permitido que el crimen organizado dicte las reglas de convivencia en el territorio guajiro. Para el Ejecutivo, la connivencia entre el poder administrativo y el fusil ha generado un ecosistema donde la ley del más fuerte prevalece sobre los derechos fundamentales de las comunidades indígenas y rurales.
La encrucijada del “Bendito Menor”
Sobre Naín Andrés Pérez Toncel, alias ‘Naín’, el hombre más buscado del Caribe, el presidente mantuvo la puerta abierta al diálogo, pero con una advertencia cargada de presión judicial. Petro defendió su derecho a negociar para salvar vidas, aunque le recordó al señalado cabecilla que su única alternativa para evitar la cárcel es una desmovilización inmediata.
“Ese señor Naín, así no les guste a la prensa, que intente hablar con este Gobierno. ¿Se puede? Ah, ¿que hablan con delincuentes? No, hablamos con quien quiera dejar las armas y la violencia. Pero si no, la Policía me responde para la captura del señor Naín”, manifestó con vehemencia durante su discurso público.
La figura de ‘Naín’ se ha convertido en un símbolo de tensión para el Ejecutivo, especialmente tras los recientes paros armados que paralizaron el comercio guajiro. Petro enfatizó que no se dejará amedrentar por demostraciones de fuerza y que la orden de persecución contra esta estructura sigue vigente mientras no se concrete un pacto de sometimiento real.
Guerra de mafias y abandono estatal
El diagnóstico presidencial también abarcó la sangrienta disputa que libran facciones criminales en municipios fronterizos como Maicao, donde los homicidios han aumentado. Para Petro, la “guerra de mafias” es un reflejo de un Estado que ha fallado en proteger a sus ciudadanos, permitiendo que la población quede atrapada en el fuego cruzado por las rentas ilícitas.
Al respecto, el líder del Ejecutivo fue autocrítico sobre la seguridad en la zona “Y la guerra entre las mafias de Venezuela, que están matando gente aquí en Maicao y en otros lugares, y no porque vengan de allá, porque es el mismo pueblo, sino porque no estamos cuidando la seguridad de La Guajira, de la vida de la gente”.
La crisis de seguridad en la frontera se ve agravada por la falta de oportunidades económicas, lo que facilita que los jóvenes sean reclutados por organizaciones transnacionales. El presidente insistió en que la solución no es solo militar, sino que requiere romper los lazos económicos que permiten a estos delincuentes operar con impunidad en ambos lados de la línea divisoria.
El negocio del hambre y la cocaína
Para cerrar su intervención, el mandatario cuestionó la herencia económica del departamento, señalando que los recursos naturales han sido históricamente botines de guerra para unos pocos. Denunció que el norte de La Guajira ha sido priorizado por la criminalidad como una autopista para el tráfico de drogas hacia el Caribe, dejando a las comunidades en la miseria.
“¿Para quién es La Guajira? ¿Para los dueños del carbón, para los dueños de los carrotanques de agua, incluido el bandido que también estaba en el Gobierno? Desde una lancha se lleva cocaína facilísimo”, remató Petro, vinculando el escándalo de los carrotanques con la desatención que ha fortalecido a los armados.
Finalmente, el presidente recordó que la corrupción y el narcotráfico son las dos caras de la misma moneda que mantiene a La Guajira sumida en el atraso social. Con esta visita, el Gobierno busca no solo capturar a los jefes visibles de las estructuras ilegales, sino también desmontar el andamiaje político que permite que la vida siga en manos de los violentos.
La advertencia presidencial deja la pelota en el campo de las ACSN, cuya voluntad de paz será medida por hechos concretos y no por comunicados en redes sociales. El futuro del departamento depende ahora de si los grupos armados deciden aceptar el diálogo o enfrentar la capacidad operativa de una Fuerza Pública que tiene la orden directa de no dar tregua.


