Las cifras de víctimas podrían incrementarse en las próximas horas ante los reportes de personas desaparecidas bajo las estructuras colapsadas.
El territorio venezolano sufrió el impacto de dos potentes terremotos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5 el pasado miércoles 24 de junio de 2026, coincidiendo con el día feriado de la Batalla de Carabobo. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, confirmó en su último reporte un balance de 164 personas fallecidas y 971 heridas, superando con creces la estimación inicial de las autoridades que contabilizaba 32 víctimas mortales y un estimado de más de 700 lesionados.
El Servicio Geológico de Estados Unidos localizó el epicentro del primer sismo de magnitud 7,2 a las 18:04 horas cerca de San Felipe, en el estado Yaracuy, a unos 280 kilómetros al oeste de Caracas. Apenas 39 segundos después, un segundo temblor aún más fuerte de magnitud 7,5 se originó un poco más al norte, cerca del municipio de Yumare, aunque la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas también ubicó actividad en la costa cercana a la capital, dejando afectaciones críticas en Caracas, La Guaira, Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón.
Colapsos estructurales y daños en la región norte-central
La Guaira se consolidó como la zona con el mayor nivel de destrucción material debido al colapso de decenas de edificaciones habitacionales. En Caracas, el alcalde del municipio Chacao, Gustavo Duque, reportó el desplome total de una estructura de 8 pisos y otra de 12 pisos, logrando rescatar de los escombros a 18 ciudadanos con vida. Por su parte, el mandatario local de Baruta, Darwin González, constató el fallecimiento de tres personas producto del derrumbe de dos edificios dentro de su jurisdicción.
Las instalaciones del Aeropuerto Internacional de Maiquetía sufrieron deterioros severos en sus techos y desprendimiento de lámparas mientras los usuarios corrían buscando resguardo, lo que obligó a las autoridades a dictar el cierre indefinido de la terminal aérea. Asimismo, a raíz de los sismos principales, se activaron alertas preventivas de tsunami para la costa de Venezuela, Aruba, Bonaire, Puerto Rico y las Islas Vírgenes Británicas, las cuales terminaron siendo canceladas horas después.
La afectación de los servicios públicos se extendió con rapidez tras el desastre, provocando cortes generalizados de electricidad y de conexiones a internet en múltiples regiones del norte del país. El suministro de gas natural directo domiciliario fue suspendido preventivamente para mitigar riesgos de explosiones, al igual que los sistemas de transporte del Metro de Caracas, las líneas ferroviarias y el servicio de agua potable, sumado a la cancelación por varios días de las actividades escolares, universitarias y comerciales no esenciales.
Actividad sísmica continua durante la noche y madrugada
La madrugada del jueves mantuvo en vilo a los ciudadanos debido a la persistencia de los movimientos telúricos en la franja costera. Los registros oficiales de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas evidenciaron un aproximado de 27 temblores entre las 10 de la noche y las 7 de la mañana, elevando la cifra total por encima del centenar de eventos si se toman en cuenta los microsismos ocurridos desde el inicio de la emergencia, que inicialmente sumaban 30 réplicas.
Los movimientos de la madrugada tuvieron su foco principal en el eje entre Naiguatá, La Guaira y Caracas, registrándose también sismos en las cercanías de Maracay, Boca de Aroa, Aroa, Los Teques, San Felipe y Morón. El evento más intenso de este período nocturno alcanzó una magnitud de 4,5 cerca de Naiguatá, seguido por otro sismo de 3,9 ocurrido a las 3:48 de la mañana al norte de Maracay, mientras que las profundidades de los fenómenos oscilaron en su mayoría entre los 5 y 11 kilómetros, llegando de forma aislada hasta los 33 kilómetros.
El temor a sufrir nuevos colapsos debido a la cadena de réplicas, que paulatinamente disminuyeron de intensidad hacia rangos de entre 2,3 y 3,2 grados, forzó a miles de familias a permanecer a la intemperie. Las calles, plazas y parques públicos de las principales ciudades afectadas funcionaron como campamentos improvisados durante toda la noche, mientras se aguardaba por las revisiones técnicas de los ingenieros y cuerpos de bomberos sobre las estructuras residenciales.
Medidas gubernamentales y activación de recursos económicos
Ante la magnitud del evento sísmico, la presidenta encargada declaró formalmente el estado de emergencia nacional para canalizar de forma prioritaria la asistencia a los damnificados. Durante sus intervenciones televisadas por el canal del Estado, solicitó calma a la población, insistió en desalojar las propiedades agrietadas y exhortó públicamente a todo el personal de salud del país a acudir a los centros hospitalarios para reforzar la atención de la emergencia médica.
En materia financiera, el Ejecutivo nacional informó la asignación de un fondo inicial de 200 millones de dólares provenientes de recursos del Fondo Monetario Internacional, destinados a la reconstrucción urgente de viviendas, hospitales y vialidad dañada. Previamente, el ministro del Interior, Diosdado Cabello, había anunciado el despliegue completo de protección civil, policías, bomberos y voluntarios civiles, advirtiendo sobre la situación de alarma extrema detectada en urbanizaciones caraqueñas como Los Palos Grandes y Altamira.
Solidaridad internacional y relatos de la población afectada
Diferentes naciones de la región como Colombia, Brasil, Ecuador, Bolivia y El Salvador manifestaron de inmediato sus condolencias y ofrecieron soporte técnico al gobierno venezolano. La presidenta encargada notificó que grupos especializados de rescate procedentes de Estados Unidos, México, Qatar, El Salvador y la República Dominicana emprendieron viaje hacia el país para integrarse a las labores de remoción de escombros y búsqueda de sobrevivientes.
Por medio de las redes sociales se difundió el pronunciamiento del mandatario estadounidense, Donald Trump, en su plataforma Truth Social, asegurando el apoyo para el pueblo venezolano ante los reportes preliminares desfavorables. Al mismo tiempo, el Servicio Geológico de Estados Unidos advirtió sobre la alta probabilidad de que las pérdidas de vidas sigan en aumento y los daños económicos resulten de gran envergadura debido a las características del siniestro.
Los ciudadanos describieron el suceso como una experiencia devastadora; la periodista Nicole Kolster relató desde un piso 7 en Los Palos Grandes cómo debió resguardarse en un muro interno mientras veía agitarse los ventanales y oía peticiones de auxilio en los alrededores. Otras residentes de Caracas, como María Alejandra y Odalis Escalona, describieron nubes de polvo atrapadas en edificios con escaleras completamente desprendidas y paredes rotas, teniendo que escalar por las ruinas junto a sus vecinos para poder ponerse a salvo.


