La avalancha de lodo y escombros destruyó viviendas y sistemas de agua, mientras las autoridades locales temen que la inestabilidad de las montañas provoque otra emergencia.
El municipio de Ocaña, en Norte de Santander, atraviesa una crítica situación tras la avenida torrencial del río Tejo ocurrida el jueves 30 de abril. La fuerza del agua, que arrastró troncos y sedimentos, golpeó con fuerza sectores como El Tejarito, donde el nivel del lodo alcanzó los dos metros de altura dentro de las casas.
Esta emergencia sorprendió a los habitantes en horas de la noche, dejando a más de 250 familias con pérdida total de sus pertenencias y herramientas de trabajo. Los organismos de socorro, apoyados por la Policía y el Ejército, trabajan actualmente en la remoción de escombros y la limpieza de las viviendas afectadas por la sedimentación.
Colapso de acueductos y puentes
La infraestructura de servicios públicos sufrió daños severos que mantienen a gran parte de la zona sin agua potable. El alcalde de Ocaña, Emiro Cañizares Plata, informó que “el acueducto del corregimiento de Buenavista se llevó completamente la captación y parte de la línea de conducción”, afectando también a la vereda Alto Grande.
Además del sistema de agua, la Secretaría de Infraestructura confirmó que tres puentes del municipio presentan fallas críticas y muy seguramente serán demolidos. El mandatario local lamentó la magnitud del desastre al asegurar que “las casas están llenas de barro y se perdieron herramientas y enseres que sirven a estas familias para subsistir”.
En el barrio El Tejarito, uno de los puntos más críticos, los residentes perdieron electrodomésticos y muebles de forma inmediata. Juan Diego Tarazona, damnificado de la zona, relató que “todo fue pérdida total, todo quedó destrozado y por el lodo que traía el agua fue muy difícil el acceso”.
Peligro por posibles deslizamientos de tierra
La atención de las autoridades se enfoca ahora en la parte alta de la montaña, donde se originó el desprendimiento de material. Gustavo Paba, director de Gestión del Riesgo, advirtió que necesitan revisar el terreno ya que “todavía queda mucho material desprendido en ese sector que podría generar una tragedia mayor en el municipio de Ocaña”.
El temor de un nuevo evento es alto debido a la saturación de los suelos en la cuenca del río tras las intensas lluvias. Al respecto, el alcalde Cañizares señaló “Lo que más nos preocupa es que hay información de las comunidades e imágenes de una inestabilidad del terreno que puede generar otra emergencia”.
Para evaluar el peligro real, la administración municipal envió equipos técnicos al corregimiento Espíritu Santo con el fin de examinar los barrancos inestables. Las autoridades explicaron que cualquier precipitación adicional en la zona alta podría desprender la tierra que quedó suelta tras la primera avalancha.
Ayuda humanitaria y monitoreo regional
El gobernador de Norte de Santander, William Villamizar, reportó que el departamento tiene cerca de 3.000 familias afectadas en 25 municipios, pero que el caso de Ocaña es el más delicado. Se han enviado equipos de emergencia para entregar alimentos y elementos básicos a quienes tuvieron que desalojar sus hogares.
Finalmente, la alcaldía local solicitó apoyo inmediato al Gobierno Nacional, argumentando que la capacidad del municipio para atender el desastre ya fue superada. Mientras tanto, los organismos de socorro mantienen una vigilancia permanente sobre el río para dar aviso oportuno a la comunidad ante un posible aumento del caudal.


