Jesús Marenco presentía que la muerte lo andaba buscando y esto se notó en sus redes sociales

Alrededor de 18 horas antes de su asesinato, había publicado una fotografía en sus historias de Facebook acompañada de una canción que hoy suena a una premonitoria despedida

Este domingo, el sonido de varios disparos acabó con la tranquilidad y con una vida en el barrio Juan 23 de Fundación, Magdalena. Mientras los niños y adultos que disfrutaban de un partido de fútbol en la cancha del sector corrían desesperados buscando refugio, el estruendo de la muerte se sintió a varias cuadras de donde ocurrió el brutal ataque.

Jesús Marenco quedó tendido en el suelo, lleno de heridas de bala y bañado en sangre. Una multitud lo observaba con impotencia, mientras él sentía el frío que arropaba su cuerpo y, poco a poco, su luz se iba apagando.

El joven había salido de casa a compartir algunas cervezas con amigos en un bar aledaño a la cancha. Estaba disfrutando de la tarde, tal como lo hacía habitualmente, sin imaginar que ese sería el último día que compartiría con su familia y su círculo más cercano; la última vez que se le vería con vida.

Lo que ha causado mayor conmoción es la historia que Marenco compartió en sus redes sociales. En ella, aparecía fresco y tranquilo en un centro recreacional del municipio, en una fotografía tomada el pasado 1 de diciembre de 2025. Pero no fue la foto lo que inquietó a quienes la vieron, sino la canción que la acompañaba: “Destino final”, interpretada por Yeison Jiménez y Luis Alfonso. Una letra que hoy, tras su muerte, muchos interpretan como un escalofriante aviso.

Pareciera que Marenco sabía que alguien pronto lo arrancaría de este mundo terrenal, aunque quizá nunca imaginó que ocurriría de una forma tan cruel. Testigos relataron que dos sujetos ingresaron a la cancha, lo divisaron en el bar y lo atacaron a sangre fría. Tras cometer el crimen, escaparon como un rayo. La Policía no llegó a tiempo para capturarlos y lamentablemente, tampoco hubo un equipo de paramédicos que pudiera intervenir.

En el lugar, sus amigos, aturdidos por la desesperación, intentaron trasladarlo a un centro médico, pero ya era tarde. La vida de su compañero ya se había esfumado.

Ahora, aquellos versos que compartió quedarán marcados a fuego en quienes lo amaban “Que el último beso sea el de mi madre, que la Virgencita me los acompañe, que sean mis caballos los que a mí me lleven”. Cada vez que esta canción suene, Jesús será recordado con el dolor de una despedida que, al parecer, él mismo presentía.

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