El reporte señala que las acusaciones difundidas desde sectores políticos carecen de sustento probatorio y advierte sobre el uso de narrativas ideológicas en el debate bilateral, en un momento de alta fricción entre ambos gobiernos
La publicación del The New York Times se conoció en un momento de alta sensibilidad en la relación bilateral entre Colombia y Estados Unidos, cuando discursos políticos y acusaciones públicas han elevado el tono del debate sobre la estrategia antidrogas y el rumbo del gobierno colombiano en materia de seguridad.
El medio norteamericano examinó los señalamientos que han circulado en escenarios políticos y mediáticos y determinó que estos no están respaldados por pruebas verificables ni por investigaciones judiciales en curso contra el jefe de Estado colombiano.
Según el análisis, las acusaciones forman parte de una narrativa política que ha ganado eco fuera del país, pero que no se sostiene en hechos comprobables ni en procesos legales formales.
La postura del diario estadounidense
The New York Times fue enfático al señalar que criticar las políticas de un gobierno no equivale a demostrar vínculos criminales. En ese sentido, advirtió sobre la confusión deliberada entre oposición ideológica y responsabilidad penal.
El artículo subraya que, aunque el gobierno de Petro enfrenta cuestionamientos por su enfoque frente al narcotráfico, estos debates se mantienen en el terreno político y no han derivado en pruebas que comprometan legalmente al mandatario.
El diario también recordó que las tensiones recientes se han visto alimentadas por declaraciones confrontacionales desde Washington, así como por operativos militares antidrogas que han reforzado una percepción de choque entre ambos países.
Narcotráfico, política y narrativa
El análisis contextualiza las acusaciones dentro de la historia estructural del narcotráfico en Colombia, asociada a décadas de conflicto armado, economías ilegales y abandono estatal en amplias zonas rurales.
En ese marco, el medio explica que el actual gobierno llegó al poder con una propuesta de transformación del modelo antidrogas, enfocada en desarrollo rural, sustitución de cultivos y persecución de las grandes estructuras criminales, un enfoque que ha generado resistencias tanto internas como externas.
Aunque el cambio de estrategia ha sido objeto de controversia, el NYT señala que no existe evidencia de que esas diferencias se traduzcan en conductas criminales atribuibles al presidente.
Cooperación vigente y cifras clave
Pese a la confrontación discursiva, el diario resalta que la cooperación en materia de seguridad entre Colombia y Estados Unidos no se ha detenido. Las incautaciones de cocaína se mantienen en niveles elevados, reflejando la continuidad del trabajo conjunto entre ambas naciones.
El medio concluye que el narcotráfico sigue siendo un fenómeno impulsado por la demanda global, por lo que ninguna política, por sí sola, puede eliminarlo de manera inmediata.
En ese contexto, The New York Times insiste en que los señalamientos contra el presidente Petro deben entenderse como parte de una disputa política internacional y no como un caso sustentado en pruebas judiciales, una distinción que considera clave para el debate público global.
Petro responde y habla de desinformación
Tras la publicación, el presidente Gustavo Petro reaccionó públicamente y calificó las acusaciones como el resultado de una campaña de desinformación con intereses políticos y económicos.
“Es obvio que no tengo vínculos con organizaciones criminales. Detesto a los narcotraficantes porque cometieron un genocidio en Colombia”, afirmó el mandatario, al tiempo que sostuvo que sectores con intereses en Estados Unidos habrían inducido a error al presidente Donald Trump.
El jefe de Estado aseguró que no posee bienes ocultos ni patrimonio en el exterior y que cualquier verificación internacional así lo demostraría: “No tengo carro, ni fincas, ni cuentas internacionales… yo no soy codicioso, soy revolucionario”.
Llamado a un diálogo directo
En el cierre de su pronunciamiento, Petro hizo un llamado directo al presidente Trump para sostener un diálogo sin intermediarios, cuestionando la influencia de asesores que, según dijo, promueven información falsa.
“Despierte Trump a la realidad y hablemos… pero sin sus amigos mentirosos”, expresó el mandatario, quien insistió en que el trasfondo de la controversia terminará por esclarecerse.
Mientras tanto, el análisis del The New York Times reubica el debate en el terreno político y diplomático, alejándolo del ámbito judicial y dejando en evidencia la falta de sustento probatorio detrás de las acusaciones.

