Judicial

Menor de 13 años se habría quitado la vida en el municipio de Codazzi porque su familia le quitó el celular al negarse a almorzar

La tragedia ocurrió en una vivienda rural del departamento del Cesar tras una medida correctiva por el uso del dispositivo

La comunidad de la vereda Los Manguitos, en jurisdicción de Agustín Codazzi, se encuentra conmocionada tras el fallecimiento de Jordan Geovanny Pérez Murillo. El adolescente, de apenas 13 años, perdió la vida en un aparente cuadro de crisis emocional derivado de un conflicto doméstico por el uso de la tecnología.

El menor fue auxiliado de inmediato por sus allegados y trasladado a la Clínica San Martín, pero el personal médico de turno confirmó que ingresó sin signos vitales. Tras el reporte, las autoridades judiciales iniciaron las labores de inspección técnica para formalizar la investigación sobre este lamentable deceso.

De acuerdo con las primeras indagaciones, el suceso se desencadenó cuando un familiar decidió retirarle el teléfono celular como una medida de autoridad. El castigo se impuso debido a que el joven se resistía reiteradamente a dejar el aparato para sentarse a la mesa a almorzar, lo que generó un roce entre el adulto y el menor.

Tras el decomiso del dispositivo, el adolescente se apartó del grupo familiar y se encerró en una habitación de la casa. Minutos después, al notar su ausencia prolongada, sus parientes lo descubrieron en un estado de salud crítico, lo que activó una carrera desesperada hacia el centro asistencial que resultó infructuosa.

La principal hipótesis de las autoridades es que el joven habría tomado la decisión de suicidarse como una reacción impulsiva ante la frustración de perder el acceso a su equipo móvil. Los investigadores analizan ahora el entorno del adolescente para determinar si existían señales previas de dependencia extrema o inestabilidad emocional.

Este incidente ha reabierto el debate en el Cesar sobre los riesgos de la adicción digital en menores y la importancia de la salud mental. Expertos recomiendan a los padres establecer normas claras sobre el uso de pantallas, pero siempre acompañadas de canales de comunicación que permitan gestionar adecuadamente las emociones de los niños.

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