Una carta de renuncia firmada por María Fernanda Cabal y José Félix Lafaurie reavivó la controversia política al revelar que el partido habría conocido informes de inteligencia sobre graves amenazas que nunca fueron abordadas públicamente
La controversia surgió tras la divulgación de una carta enviada por la senadora María Fernanda Cabal y su esposo, José Félix Lafaurie, en la que oficializan su salida del Centro Democrático y exponen una serie de cuestionamientos internos que, según afirman, fueron ignorados por la dirigencia del partido.
En el documento, fechado recientemente, los firmantes aseguran que dentro de la colectividad se tenía conocimiento previo de informes de inteligencia relacionados con alias ‘Zarco Aldinever’, nombre que hoy vuelve a escena tras ser señalado como presunto autor intelectual del atentado contra Miguel Uribe Turbay.
La advertencia que, según la carta, fue ignorada
Uno de los apartes más sensibles del escrito señala que ‘Zarco Aldinever’, identificado como José Aldinever Sierra Sabogal, habría sido el mismo hombre que durante el gobierno de Iván Duque ofreció una millonaria suma para atentar contra María Fernanda Cabal o algún miembro de su familia.
“Tampoco se puede olvidar que el autor intelectual del atentado contra Miguel fue el mismo ‘Zarco Aldinever’ que pagó mil millones de pesos por asesinar a María Fernanda o a otro miembro de la familia”, se lee textualmente en la carta.
Según Lafaurie, estas amenazas obligaron a que sus hijos salieran del país por motivos de seguridad, lo que describen como una decisión tomada “con un alto coste emocional”.
Conocimiento previo dentro del partido
La misiva sostiene que el Centro Democrático no solo conocía las denuncias, sino que también tenía en su poder informes de inteligencia que vinculaban directamente a ‘Zarco Aldinever’ con planes criminales contra dirigentes del partido.
“Aunque en su momento lo denunciamos, el Centro Democrático nunca hizo precisión ni referencia alguna al informe de inteligencia confirmado por el presidente Duque y posteriormente por el presidente Petro”, afirma el documento.
Para los firmantes, ese silencio resulta aún más grave tras conocerse la presunta relación del mismo alias con el magnicidio de Miguel Uribe Turbay.
Quién era alias ‘Zarco Aldinever’
José Aldinever Sierra Sabogal fue señalado como comandante de la Segunda Marquetalia y tenía un amplio historial criminal, con investigaciones abiertas por homicidio agravado, desaparición forzada y rebelión, según registros de la Fiscalía General de la Nación.
Las autoridades atribuyeron a su estructura control operativo en zonas estratégicas del oriente del país y señalaron que varias acciones armadas se ejecutaban bajo su mando o con su autorización directa.
En julio de 2025, la Fiscalía reactivó órdenes de captura en su contra, semanas después de que hubiera sido beneficiado con la suspensión temporal de estas en el marco de acercamientos fallidos con el Gobierno.
Señalamientos tras el atentado a Miguel Uribe
De acuerdo con la investigación oficial, la Segunda Marquetalia estaría detrás del atentado contra Miguel Uribe Turbay, ocurrido el 7 de junio de 2025 durante un acto político en Bogotá, ataque que terminó con la muerte del dirigente semanas después.
La carta recuerda que, tras ese hecho, ya existían antecedentes que vinculaban a ‘Zarco Aldinever’ con planes similares, lo que según los autores hacía aún más grave que el partido no se pronunciara.
La muerte del señalado y nuevas revelaciones
La Segunda Marquetalia confirmó la muerte de ‘Zarco Aldinever’ en agosto de 2025, señalando que fue víctima de una emboscada atribuida al ELN, hecho que calificaron como un “acto de traición”.
Según ese grupo armado, Sierra Sabogal se dirigía a un encuentro pactado cuando fue atacado con explosivos, lo que puso fin a su liderazgo dentro de la organización disidente.
La revelación contenida en la carta volvió a poner bajo la lupa la actuación del Centro Democrático frente a las amenazas internas conocidas y reabrió el debate sobre la gestión de la seguridad de sus dirigentes.
Para Lafaurie y Cabal, el episodio representa no solo una ruptura política, sino una denuncia pública sobre omisiones que, a su juicio, nunca fueron aclaradas ante la opinión pública.

